jueves, 4 de octubre de 2012

Pablo

A Teresa la angustiaban las preguntas referentes a su niñez, no tanto por que las considerara impertinentes, sino más bien por la ausencia de recuerdos que esta época de su vida le evocaba, recordaba gratamente sus años de liceo y la universidad, sus amigos, las locuras de su sobrenaturalmente extendida adolescencia, su vida le pasaba por la mente a cada pregunta y no lograba ni responderse personalmente ninguna de los cuestionamientos referentes a su niñez, por un momento pensó que si había metódicamente olvidado una de las etapas de su vida, podría sin ningún esfuerzo borrar todos los recuerdos conservados fielmente en su memoria, esta perspectiva la sobresalto y se sintió culpable por no haber tenido nunca la constancia requerida para llevar un diario sobre su vida. Era su tercera semana en la sección de agudas femenina del Hospital San Juan de Dios y aun no lograba encontrar ningún signo de empatía por estos escrutadores ojos que dos veces por semana la interrogaban sobre su vida, las sesiones terapéuticas a las que era sometida, eran precedidas por el siquiatra encargado de esta sección del hospital, doctor Julian Gonzales, quien a pesar de su evidente juventud, mostraba unos distintivos signos de amargura en su rostro, sumados a una inusual prepotencia hacia sus pacientes y demás personal médico, todo esto hacían de EL un interlocutor poco agraciado que parecía más inclinado a revisar su android, que prestar un adecuada sesión terapéutica. Para mayor desencanto suyo el encontrarse en un establecimiento público, además de verse sometida a las habituales carencias de personal médico, bajo abastecimiento de materiales de aseo, un servicio de alimentación que apenas así podía llamarse, entre una infinitud de dificultades ajenas al servicio, debía soportar además del molesto siquiatra jefe, a sus practicantes de medicina que entre risas le agregaban a sus modestas entrevistas el carácter de una cruel comedia, era tal su descaro que Teresa estaba más que decidida a no responder ninguna de sus consignas, a su parecer estos practicantes que no la debían superar en edad, ya habían llenado sus morbosas y retorcidas mentes a sus expensas, negándose a participar en un circo de preguntas sin sentido alguno o conexión con su situación, decidió aplicar la metodología con la que fue sometida a su ingreso y se negó siquiera a saludar a sus interlocutores durante el transcurso de sus sesiones. Desde la primera noche de su estancia encontró que se encontraba sola y que las pocas enfermeras que se encargaban de los diferentes turnos de atención se negaban rotundamente a responder a sus consignas, abatida dejo pasar los días desconociendo el motivo de su reclusión en un establecimiento siquiátrico y se dejó llevar mentalmente muy lejos de este lastimero lugar. Su primera noche fue bastante peculiar porque aun aletargada por algún fuerte sedante, podía sentir a sus pies una difusa figura que en aquella impenetrable oscuridad parecía un demonio que pretendía arrancar algo de su cuerpo, cuando se intentó levantar en pro de su defensa se percató de las correas que la ataban a la camilla, entonces comenzó patalear logrando alejar de un certero golpe en el rostro a la demoniaca figura, que al verse bañada por la luz perdió todo su aspecto maligno y se convirtió en una menuda joven de voluminosos cabello que entre lágrimas gritaba que la bota que aún estaba a medio retirar del pie de Teresa era suya. El gran barullo llamo la atención de los demás residentes de la sección de ingreso del hospital, que entre gritos celebraban los que ninguno de ellos entendía, el enfermero encargado al percatarse de la conciencia de Teresa, se le acerco entre trompicones y suplicas de silencio dirigidas a los internos, que parecían disfrutar sin medida el espectáculo de una mujer atada a una cama, o tal vez disfrutaban la nada, finalmente liberada de sus ataduras, las formalidades del registro iniciaron y cuando solicito una explicación a su internamiento se le respondió que la misma se derivaba de una orden judicial, cuando solicito que se le permitiera chequear las motivaciones de dicha orden comenzó a recibir la que en muy poco tiempo comprendería era la habitual respuesta del personal del hospital, un frio silencio que parecía arrancar la vida arrojándola al olvido. Su consigna de silencio era irrevocable, si sus argumentos de jurista recién graduada, no habían mellado el escudo de silencio de las enfermeras, su institución del silencio en las sesiones terapéuticas seria inquebrantable, aunque esta actitud la hiciese acreedora de los más nefastos procedimientos médicos aplicables, pero esto en su primera noche aún era un asunto que su habitual orgullo negaría, pues en su inmensa sapiencia esta reclusión era un acto autoritario, sin ninguna motivación, un grave error en su persona, el cual requería una pronta solución, es decir su liberación inmediata, bajo estos argumentos esgrimió su defensa, batallando inquebrantable con principios y valores, constitutivos de nuestra sociedad, hablo de sus derechos los definió a cuanto funcionario encontró pero muy pronto desistió, pues descubrió que estos para ella en sus ojos no albergaban más que lastima. Esa primera noche cambiaria todo en su vida y hasta sus más arraigados valores cedería al infortunio de una aguda depresión, esa noche al percatarse de que no lograría mucha información de sus guardadores, dejo fluir su desesperanza y lloro, entonces como salido de un cuadro de Miguel Ángel. Una figura angelical se aproximó a consolarla, por un segundo se sintió levitando en los brazos del creador divino y agradeció la ventura de la muerte que venía por ella para alejarla de esta locura. Más la mansa calma pronto se desvaneció, de la figura angelical apenas quedaban unos bondadosos brazos que la abrazaban, contra un delgado cuerpo de rostro tan pálido que parecía no recordar caricia alguna del sol, ese rostro tan indefinible no contaba con cejas, ni cabello alguno que le permitiese identificar el tono de su cabellos, por lo que agradeció sus sugerencias de no dejarse ver llorando del personal médico, pues esto alargaría su estancia y se alejó en silencio embargada por una sensación de ingratitud que conservaría hasta el último de sus días. Unas horas después llegó la hora forzosa de dormir y la primera vos en acallar fue el molesto ruido del televisor, que solo parecía poder sintonizar los desinformativos canales públicos nacionales, le designaron una habitación bastante amplia con seis camas de hierro con una inexplicable ventana cuya única vista era una pared medio caída de un antiguo pabellón del hospital, pensó que esa noche no podría conciliar el sueño y pronto se encontró abatida, huyendo en sueños de unas grandes llamaradas que infinidad de dragones expelían de sus feroces fauces consumiendo los recodos de una extraña ciudad que ella ni siquiera conocía. Al amanecer la conciencia la trajo de vuelta de su hecatombe de llamas, al despertar todo era parte de una nueva pesadilla de la que no podía librarse y esa idea contagiaba de nefastos pensamientos sus ansias de libertad, decidió callar, observando y pormenorizando cada detalle de su cautiverio, a primeras horas se les instaba a bañarse, en unas pocos aseadas duchas comunales, después un frugal desayuno, pronto comprendió que el personal encargado detrás de sus piadosas miradas, gustaban de molestar las complejas e inestables personalidades de los internos, denigrando a los enfermos con sus constantes ultrajes, ignorando las suplicas de estos infelices y transformando en el rencor más arraigado la más mínima muestra de desobediencia. En silencio y con la firme voluntad de hacerse imperceptible paso sus primero días sin hablar con nadie, cruzando miradas de complicidad con su calvo Ángel, ingiriendo el alimento que le servían sin saborear los mismos, tomando los baños fríos sin más queja que el fuerte castañeo de sus dientes, ignorando las desquiciadas palabrerías de sus compañeros de espacios comunes, durmiendo ligeras siestas sentada en la sala, utilizando la ropa vieja que le proporcionaban como prendas, viendo pasar el tiempo en el espejo de la desesperanza, aprendiendo a sobrevivir a la locura sin comprender muy bien el porqué de sus infortunios. Al quinto día después del desayuno, la guiaron a una oficina ubicada en el cuarto piso en la sección opuesta a la de ingreso, dicha sección era designada como AGUDAS, el sonido detrás de la oficina del doctor Julián, le dio una idea muy clara de lo que le deparaba y así comenzó su primera sesión siquiátrica, a partir de la cual la reubicaron en una de las habitaciones de esta bulliciosa sección, que más que un hospital siquiátrico parecía el punto de reunión de los más grandes payasos de la región, con tristeza comprendió la degradación de la mente humana en su manifestación más palpable y lloro de temor de estar padeciendo una enfermedad que pudiese consumir su conciencia en esta neblina que parecía gobernar la mente de su camarilla de compañeras, las cuales se mostraban bastante dispuestas a interactuar con ella, pero en su paciencia no cabía un espacio para prestarse al juego del conocimiento con ellas por lo que las esquivo y se ubicó en un lugar donde nadie pudiera percatar de su ausencia. Poco tiempo le tomo para darse cuenta que la mano que se había extendido para ayudarla dentro de la sesión, no pensaba entregar información alguna sobre los motivos para haber sido internada y que su único objetivo era ridiculizar sus creencias e inducirla de forma consentida al uso de estas drogas que mejorarían según él, todas las falencias de su mal estructurado ser, por un instante la esperanza se disipo y oleada tras oleada de realidad hiriente la confrontaban, estaba en un limbo, con carceleros sin oídos, hambrientos de infortunios, insaciables en humillaciones, un infierno lleno de mujeres olvidadas y condenadas a la negligencia propia de nuestros servicios médicos. Bastaron dos sesiones con Julian y una con sus practicantes, para odiar el sistema de tratamiento que le imponían, negándose a partir de esta sesión a cooperar con el servicio médico, cada nuevo día era un reto, pues la terquedad de su carácter había convertido a Teresa en el flanco de todos los reproches disciplinarios que hacía el personal médico, su rol de rebelde le había asegurado una dosis extrafuerte de calmantes en inyección antes de cenar, lo que la ponía a dormir poco antes del anochecer y no soñar. Se negaba a la administración de drogas cuyos efectos no se dignaban a explicarle por lo que se ganó un lugar seguro en la habitación de detención, idea que en su melancolía la favorecía pues le permitía estar completamente sola sin verse interrumpida por uno de aquellos tristes seres que deambulaba sin sentido por todo el piso y que se entrometían sin aviso alguno en sus pensamientos. Las dudas que la colmaban iban desde no comprender los motivos de su encierro, hasta el no haber visto a sus padres a pesar de tener una jornada de visitas bastante flexible, le preocupaba que no accedieran a dejarla visitar la biblioteca a pesar de sus múltiples suplicas y que a pesar de sus esfuerzos no se dignaran a entablar un conversación directa con ella, no estaba muy segura de estar en su cuerpo por eso siempre se cercioraba de ser ella en el espejo del baño, más la realidad a la que se confrontaba en el espejo la espantaba, siempre había sido delgada pero sus huesos en este momento estaban más que expuestos, sus ojos estaban hundidos perdidos en unas oscuras ojeras que le daban un aspecto enfermizo casi la de un muerto, su espíritu que alguna vez había sido terco se había almidonado a punta de antidepresivos y supresores de la autoestima que la inhibían de sentir, de pensar, de soñar, su único amigo era el pedacito de cielo que podía ver desde el baño, extrañaba la luna, la lluvia, su propia risa, se había olvidado de sí misma y su aspecto físico ya no le importaba, el dormir drogada la había distanciado de sus mundos fantásticos. Veintiún días de encierro, eran suficientes para apaciguar cualquier llama, estaba dispuesta a ceder e intentar con el tratamiento que en hospital le planeaban, más no es facultad de los hombres dictaminar los eventos de la vida, por lo que se vio sorprendida siendo guiada a la habitación de castigo, donde no la esperaba su usual visita Julian, si no que la esperaba un hombre alegre y bonachón que sonreía, mientras repetía las preguntas típicas de los siquiatras, ella respondida en su mejor ánimo pues debía admitir que este hombre le transmitía sus alegría, todo transcurría como la más normal de las consultas, no había perdido el sentido del tiempo durante su encierro y recordaba con claridad todos los eventos hasta la mañana del 7 de octubre, donde no lograba recordar nada más hasta su internación. Esto comunico a su siquiatra quien respondía al nombre de Elias Rodriguez, quien no debía pasar de los 35 años pero que lucía de cuarenta por su desmesurado peso, en ese momento la sesión se trastoco y los cuestionamientos de Elias, se tornaron específicos, preguntaba por el año, a lo que Teresa respondía convencida que el año en curso era el 1995, preguntaba por sus padres, ella le informaba que los mismos vivían en esta ciudad, que tenían un casa a las salidas y que si él le permitía llamarlos ellos podrían acompañarla en su recuperación, lentamente el doctor comenzó a desenredar una madeja de recuerdos que cuando se fugaban de su boca parecían tan lejanos, tan extraños… Algo escapaba a su comprensión y no lograba recordar que, decidido callar, esperar a que su cuerpo como siempre le diera una respuesta, cuando comenzó a desesperarse, se hundió en un abismo de imágenes que no sentía vividas y cuando se percató estaba de reviviendo a la distancia el 7 de octubre de 1995. Entonces se vio así misma 21 días antes de esta pesadilla subiendo a un bus de transporte dirigido a la ciudad capital, se vio ocupando un lugar, en ese momento se percató de su mirada abstraída y cuando la siguió vio lo más cercano a una ilusión macabra que había visto en su vida, el hombre que avanzaba era dueño de un increíble belleza física, más tenía una aureola perversa que lo distorsionaba demoniacamente en su memoria, intentando retener el rostro de este hombre, volvió a su cuerpo, vio con terror como el doctor sostenía un retrato del sujeto del bus, en su oído algo susurro su nombre y como un aullido sus labios dejaron escapar un “PABLOOO..” retorcido, un rayo de claridad se posó en el rostro del doctor que cambio su habitual sonrisa por una posición más cómoda en la que me podía confrontar más serenamente. “Lo recuerdas”, entonces entre lágrimas y temblorosa Teresa asintió, agacho la cabeza y comenzó a hablar, al principio en intricadas preguntas sobre la condición que padecía, pero luego se desvaneció su interés en su padecimiento y comenzó a visualizar todas esas imágenes que desvirtuaban su ubicación temporal, su vanagloriada cordura y su vida. Recordó a Pablo, su amor a primera vista, la pasión de sus encuentros, su fugaz enamoramiento sus promesas de amor, su proposición de matrimonio, su vida juntos, su hogar y lentamente todos estas imágenes fueron llevándola al final de sus días de gloria, entonces lo vio en su faceta de matón, en sus eternas noches de borracheras, en su ir y venir emocional y por supuesto lo vio retozando en una cama ajena, se sintió mareada, acomodo los ojos volvió la mirada de Elias, que aun sonreía, quería preguntarle pero tenía la certeza que él conocía muy bien la historia de su propia boca, decidió volver a sus divagaciones mentales. Vio entonces escenas de una excéntrica luna de miel, en la toscana italiana, dándose cuenta entonces que esta hermosa ciudad era la ciudad que sucumbía bajo las flamantes llamas de los dragones de sus sueños, así revivió la primera noche que la conducta de su amado había cambiado, razón por la que siempre se reprocharía el no haberlo dejado ese día…, una noche en la que se suponía debían honrar sus votos de amor, el flamante esposo de Teresa decidió después de una aireada discusión terminar con la vida de ambos, iniciando un incendio de tal magnitud que ambos apenas si sobrevivieron gravemente heridos a la temible conflagración. Teresa se estremeció miro sus manos y encontró las marcas extendidas a lo largo de su cuerpo producidas por aquel fatídico fuego, que no extinguiría la vida de su artífice, ni la persona que pretendía eliminar, la desgracia destrabo sus fauces en una pareja de ancianos que dormía en la mismo piso, quienes fallecieron asfixiados por lo humos derivados del fuego en la habitación de Pablo y Teresa. Por un momento revivió el rostro resignado de la pareja de ancianos, derramo una lagrima en su honor, sumiéndose en la tristeza de saber que su mayor motivación para seguir con él a pesar de todo se derivaba de su increíble temor a envejecer sola, no quería llegar a su epoca de inutilidad sola, se aferraba a fierro y espada de su ideal de vida y renegó mil veces de su difícil situación, se convenció de que sus desprecios derivaban de su propia carencia de valor personal, resigno sus días, su vida a un compañero cuya única constancia era la locura, como no pudo ver el terror al que se sometía, pronto se vio enclaustrada, relegada a una constante tortura física por la falta de gracia en sus atributos físicos, siendo lentamente desvirtuados todas las virtudes que alguna vez le habían ganado el afecto de este hombre, que ya solo la miraba para insultarla y tomar su magullado cuerpo, el tiempo paso, su cuerpo revivió los años de maltratos, sus manos intentaron detenerlo, frenar a esa bestia inclemente que se le abalanzaba, su cuerpo la engaño pero antes de caer en el impulso Elias la sujeto… “¿Cuánto tiempo ha pasado?” pregunto con vos entrecortada, entonces Elias algo pensativo respondió, “cuarenta años desde tu alumbramiento, doce años desde que lo conociste, once años desde su matrimonio, ocho años desde que el episodio traumático, siete años desde el primer internamiento en hospital siquiátrico, dos desde la muerte de tu madre y tres de la de tu padre”. Por supuesto Teresa alego en su defensa que el mismo día se había visto en un espejo y no cargaba la edad que según el galeno le correspondía, el pacientemente le alcanzo un espejo de manos y ella sobresaltada no pudo dejar de aterrarse por el sin fin de arrugas que surcaban su rostro, sus facciones engrandecidas, su rostro tan similar al de su madre y sus ojos almendrados como los de su padre habían envejecido 12 años en un solo instante, no puedo expresar el dolor que le causaba el enterarse del fallecimiento de sus padres, supuso que nunca tuvo tiempo de corregir sus palabras y decirles que no los odiaba, se arrepintió en silencio pues sabia la inutilidad de su remordimiento a estas altura de la perdida de sus padres, pero tenía fe que en la sapiencia de la muerte sus padres conocieran sus inexpresados sentimientos de cariño y agradecimiento. Cuando se disponía a indagar un poco más sobre estos doce años que su mente había omitido remembrar, Elias con un tono parsimonico, algo doctoral, comenzó a narrar un acta de medicina legal, mujer de 30 años, metro setenta, cabello negro, lacio, contextura delgada, ojos oscuros, peso 61 Kilogramos, es remitida de urgencias del Hospital Simón Bolívar en Bogotá, con Traumatismo Craneal, consistente en una fractura craneal en la parte anterior derecha del cráneo, fracturas expuesta de fémur en ambas piernas, señales inequívocas de estrangulamiento manual (hematomas en el cuello coincidentes con los dedos de las manos), tres costillas esternales derechas rotas, no registra lesiones internas, embarazo de seis meses interrumpido, el feto no manifiesta signos vitales al arribar al hospital, se induce parto del producto muerto… la pesadilla que tanto temía afrontar se le abalanzaba, las imágenes, los monstruos, las retorcidas imágenes a las que tanto les temía se evaporaban indemnes frente a realidades más trágicas y devastadoras, poso una mano en su vientre, recordó la calidez de la presencia de su pequeño en su vientre, lo mucho que temía que su debilidad física repercutiera en la normal formación de su hijo, entonces mientras sentía su mágico vientre lo vio entrar enfurecido, le reclamaba por algo que ella no logro entender cuando EL la cuestiono e indignado por su demora en la respuesta comenzó una de su letanía de azotes entonces ella le imploro en nombre de su hijo que no les hiciera daño, pero sin motivo alguno EL la acerco a la ventana y por ella la arrojo, por primera vez la excitación de las imágenes no la llevo de vuelta a su cuerpo, sintió como su cuerpo caía vertiginosamente recorriendo desesperada los cuatro pisos que le separaban del piso, sintió el estruendo final del choque de su cuerpo contra el asfalto, en ese momento todo se clarifico, abrió sus ojos interrumpió a Elias y continuo narrando su vida por él. “Me han internado 19 veces en los últimos 8 años, tengo 45 años, el episodio traumático de perder a mi hijo gestante, derivo en una amnesia selectiva, mis padres en vida me acompañaron en mi tratamiento, pero a pesar de mis esfuerzos por reintegrarme a la sociedad mis múltiples recaídas, obligaron mi reclusión permanente hace 4 años, mis padres no sobrevivieron a mis padecimientos siquiátricos, como mecanismo de defensa mi inconsciente, restringió mi memoria a la fecha al que conocí al caudillo de mis desgracias, tu Elias, eres mi siquiatra hace 5 años y me atendiste en la capital durante mis primeros episodios nerviosos, me has apoyado a pesar que siempre escudo en el olvido mis temores, hace un año solicitaste mi traslado a una localidad más cercana a mi tierra natal, con la esperanza que el clima familiar tuviera repercusiones positivas en mi estado anímico, llevo un año en este hospital y hoy hace exactamente 21 dias, Pablo recupero su libertad”

jueves, 9 de agosto de 2012

El traje nuevo del Emperador [Cuento infantil. Texto completo] Hans Christian Andersen Hace muchos años había un Emperador tan aficionado a los trajes nuevos, que gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia. No se interesaba por sus soldados ni por el teatro, ni le gustaba salir de paseo por el campo, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos. Tenía un vestido distinto para cada hora del día, y de la misma manera que se dice de un rey: “Está en el Consejo”, de nuestro hombre se decía: “El Emperador está en el vestuario”. La ciudad en que vivía el Emperador era muy alegre y bulliciosa. Todos los días llegaban a ella muchísimos extranjeros, y una vez se presentaron dos truhanes que se hacían pasar por tejedores, asegurando que sabían tejer las más maravillosas telas. No solamente los colores y los dibujos eran hermosísimos, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida. ¡Deben ser vestidos magníficos! -pensó el Emperador. Si los tuviese, podría averiguar qué funcionarios del reino son ineptos para el cargo que ocupan. Podría distinguir entre los inteligentes y los tontos. Nada, que se pongan enseguida a tejer la tela-. Y mandó abonar a los dos pícaros un buen adelanto en metálico, para que pusieran manos a la obra cuanto antes. Ellos montaron un telar y simularon que trabajaban; pero no tenían nada en la máquina. A pesar de ello, se hicieron suministrar las sedas más finas y el oro de mejor calidad, que se embolsaron bonitamente, mientras seguían haciendo como que trabajaban en los telares vacíos hasta muy entrada la noche. «Me gustaría saber si avanzan con la tela»-, pensó el Emperador. Pero había una cuestión que lo tenía un tanto cohibido, a saber, que un hombre que fuera estúpido o inepto para su cargo no podría ver lo que estaban tejiendo. No es que temiera por sí mismo; sobre este punto estaba tranquilo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para cerciorarse de cómo andaban las cosas. Todos los habitantes de la ciudad estaban informados de la particular virtud de aquella tela, y todos estaban impacientes por ver hasta qué punto su vecino era estúpido o incapaz. «Enviaré a mi viejo ministro a que visite a los tejedores pensó el Emperador. Es un hombre honrado y el más indicado para juzgar de las cualidades de la tela, pues tiene talento, y no hay quien desempeñe el cargo como él». El viejo y digno ministro se presentó, pues, en la sala ocupada por los dos embaucadores, los cuales seguían trabajando en los telares vacíos. «¡Dios nos ampare! pensó el ministro para sus adentros, abriendo unos ojos como naranjas. ¡Pero si no veo nada!». Sin embargo, no soltó palabra. Los dos fulleros le rogaron que se acercase y le preguntaron si no encontraba magníficos el color y el dibujo. Le señalaban el telar vacío, y el pobre hombre seguía con los ojos desencajados, pero sin ver nada, puesto que nada había. «¡Dios santo! pensó. ¿Seré tonto acaso? Jamás lo hubiera creído, y nadie tiene que saberlo. ¿Es posible que sea inútil para el cargo? No, desde luego no puedo decir que no he visto la tela». -¿Qué? ¿No dice Vuecencia nada del tejido? -preguntó uno de los tejedores. ¡Oh, precioso, maravilloso! -respondió el viejo ministro mirando a través de los lentes. ¡Qué dibujo y qué colores! Desde luego, diré al Emperador que me ha gustado extraordinariamente. -Nos da una buena alegría -respondieron los dos tejedores, dándole los nombres de los colores y describiéndole el raro dibujo. El viejo tuvo buen cuidado de quedarse las explicaciones en la memoria para poder repetirlas al Emperador; y así lo hizo. Los estafadores pidieron entonces más dinero, seda y oro, ya que lo necesitaban para seguir tejiendo. Todo fue a parar a sus bolsillos, pues ni una hebra se empleó en el telar, y ellos continuaron, como antes, trabajando en las máquinas vacías. Poco después el Emperador envió a otro funcionario de su confianza a inspeccionar el estado de la tela e informarse de si quedaría pronto lista. Al segundo le ocurrió lo que al primero; miró y miró, pero como en el telar no había nada, nada pudo ver. -¿Verdad que es una tela bonita? -preguntaron los dos tramposos, señalando y explicando el precioso dibujo que no existía. «Yo no soy tonto pensó el hombre, y el empleo que tengo no lo suelto. Sería muy fastidioso. Es preciso que nadie se dé cuenta». Y se deshizo en alabanzas de la tela que no veía, y ponderó su entusiasmo por aquellos hermosos colores y aquel soberbio dibujo. -¡Es digno de admiración! -dijo al Emperador. Todos los moradores de la capital hablaban de la magnífica tela, tanto, que el Emperador quiso verla con sus propios ojos antes de que la sacasen del telar. Seguido de una multitud de personajes escogidos, entre los cuales figuraban los dos probos funcionarios de marras, se encaminó a la casa donde paraban los pícaros, los cuales continuaban tejiendo con todas sus fuerzas, aunque sin hebras ni hilados. ¿Verdad que es admirable? -preguntaron los dos honrados dignatarios. Fíjese Vuestra Majestad en estos colores y estos dibujos -y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás veían la tela. «¡Cómo! pensó el Emperador. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tan tonto? ¿Acaso no sirvo para emperador? Sería espantoso». ¡Oh, sí, es muy bonita! -dijo. Me gusta, la apruebo-. Y con un gesto de agrado miraba el telar vacío; no quería confesar que no veía nada. Todos los componentes de su séquito miraban y remiraban, pero ninguno sacaba nada en limpio; no obstante, todo era exclamar, como el Emperador: ¡oh, qué bonito!, y le aconsejaron que estrenase los vestidos confeccionados con aquella tela en la procesión que debía celebrarse próximamente. ¡Es preciosa, elegantísima, estupenda! corría de boca en boca, y todo el mundo parecía extasiado con ella. El Emperador concedió una condecoración a cada uno de los dos bribones para que se las prendieran en el ojal, y los nombró tejedores imperiales. Durante toda la noche que precedió al día de la fiesta, los dos embaucadores estuvieron levantados, con dieciséis lámparas encendidas, para que la gente viese que trabajaban activamente en la confección de los nuevos vestidos del Soberano. Simularon quitar la tela del telar, cortarla con grandes tijeras y coserla con agujas sin hebra; finalmente, dijeron: -¡Por fin, el vestido está listo! Llegó el Emperador en compañía de sus caballeros principales, y los dos truhanes, levantando los brazos como si sostuviesen algo, dijeron: -Esto son los pantalones. Ahí está la casaca. -Aquí tienen el manto... Las prendas son ligeras como si fuesen de telaraña; uno creería no llevar nada sobre el cuerpo, mas precisamente esto es lo bueno de la tela. -¡Sí! -asintieron todos los cortesanos, a pesar de que no veían nada, pues nada había. ¿Quiere dignarse Vuestra Majestad quitarse el traje que lleva -dijeron los dos bribones para que podamos vestirle el nuevo delante del espejo? Quitose el Emperador sus prendas, y los dos simularon ponerle las diversas piezas del vestido nuevo, que pretendían haber terminado poco antes. Y cogiendo al Emperador por la cintura, hicieron como si le atasen algo, la cola seguramente; y el Monarca todo era dar vueltas ante el espejo. ¡Dios, y qué bien le sienta, le va estupendamente! -exclamaban todos. ¡Vaya dibujo y vaya colores! ¡Es un traje precioso! -El palio bajo el cual irá Vuestra Majestad durante la procesión, aguarda ya en la calle - anunció el maestro de Ceremonias. Muy bien, estoy a punto -dijo el Emperador. ¿Verdad que me sienta bien? - y volviose una vez más de cara al espejo, para que todos creyeran que veía el vestido. Los ayudas de cámara encargados de sostener la cola bajaron las manos al suelo como para levantarla, y avanzaron con ademán de sostener algo en el aire; por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada. Y de este modo echó a andar el Emperador bajo el magnífico palio, mientras el gentío, desde la calle y las ventanas, decía: -¡Qué preciosos son los vestidos nuevos del Emperador! ¡Qué magnífica cola! ¡Qué hermoso es todo! Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz en su cargo o por estúpido. Ningún traje del Monarca había tenido tanto éxito como aquél. -¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño. -¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño. -¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada! -¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero. Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola. FIN

sábado, 14 de julio de 2012

Perder la noción de la realidad es un complejo proceso de encubrimiento personal, nos negamos a asumir las dificultades que nos angustian, y recubrimos de ilusiones nuestros complejos sentimientos, como queriendo reducirlos a una situación ínfima, sin percatarnos que esta conglomeración de pensamientos con ideales poco realizables solo motiva desconciertos irreparables en nuestra conciencia, que nivela nuestro rechazo habitual a determinada situación, pero que no haya remedio al despropósito que representa el perder todas nuestras expectativas con respecto de los sucesos. Hasta el mas normal de los acontecimientos puede verse menguado por la existencia de una idea que no se desarrolla como se predisponía mentalmente el actor, perdiéndose todo control de una realidad pactada acorde a los ideales personales de proyección, es casualmente en el descubrimiento de esa ficción donde radica la perdida de todo control sobre lo que puede llegar a sentirse, ya que al perder todo control de nuestra idealizada realidad perdemos el control de reaccionar adecuadamente a este nuevo ambiente q nos ultraja y hasta muchas veces hiere. Las producciones mentales son ambiguas y de intrincado valor emocional, proyectándose en nuestra imaginación una realidad cargada de sin fin de necesidades insatisfechas o completamente desconocidas que desvinculan todo rastro de racionalidad frente a realidades mas plausibles. A tal punto a llegado nuestro temor a la realidad que preferimos recopilar mundos idealizados e imágenes personales desfiguradas que no tienen ningún valor real ni emocional por q solo agobian las reaccionas normales de la vida cotidiana.

jueves, 24 de mayo de 2012

‎"Mi cama de plumas es blanda y profunda y allí te tenderé, te vestiré toda de seda amarilla, y tu cabeza coronaré. Porque tú serás la dama de mi amor, y yo tu señor. Abrigada y a salvo siempre te tendré, con mi espada te protegeré. Y cómo sonrió, cuánto se rió la doncella del árbol. Se alejó dando vueltas y le dijo así: Nada de cama de plumas para mí. De hojas doradas me haré un vestido y me adornaré el cabello con gotas de rocío Pero tú puedes ser mi amor silvestre y yo tu novia del bosque seré."

sábado, 7 de abril de 2012

Carla Bruni - Quelqu'un m'a dit



Que me amabas aún,
Es alguien que me dijo que me amabas aún.
Sería esto posible entonces?

The Temper Trap "Sweet Disposition"


Just stay there
Cause I'll be comin' over
While our bloods still young
It's so young, it runs
Won't stop til it's over
Won't stop to surrender

Black Lips - Bad Kids

Regina Spektor - "Us" [OFFICIAL Video]

miércoles, 28 de marzo de 2012

- Yo confió en su capacidad para caer siempre de pie.puede que viva en la escasez, pero es una sobreviviente nata. HOLGER PALGREM. La chica que soñaba con un bidón de gasolina y una cerilla. Stieg Larsson.

viernes, 9 de marzo de 2012

¿Conoces los invisibles hiladores de los sueños? Son dos: la verde esperanza Y el torvo miedo. Apuesta tienen de quien hile más y más ligero, ella, su copo dorado; él, su copo negro. Con el hilo que nos dan tejemos, cuando tejemos. ANTONIO MACHADO

lunes, 5 de marzo de 2012

Mi Amor

Parece que aun podemos crear amaneceres eternos, puedo ver aun en tus viejos versos esos sentimientos que nunca me desampararían. Eres tu la creación divina que regocija mi alma, has cautivado mi ideal de belleza y lo has reformado aun nivel de perfección imperceptible pero indiscutible, no sabes cuanta dicha produce tu presencia a mi insaciable alma, te arraigaste de la esencia de esa... indefinible belleza inexplicable, que no haya expresión en palabras por que dicha tan suprema no puede racionalizarse, estas en un mundo de incomprendidos sin saber que eres la razón de tanta incomprensión, el no poder definirte ni sentirte no amerita la vida... gracias vida por ponerte en mi camino... gracias camino por llevarme a tus brazos

jueves, 9 de febrero de 2012

9 de febrero de 2012

se pormenorizo la historia sin afanes con dolores provenientes de la angustia enervante de tu ausencia... una ausencia delirante de conciencia... me declaro harta de tus faltas y culpable de tus dudas irracionales... pues ya no queda nada de esta satira desmesurada, has captado de mi soledad la nada y te condenas a la decidia de mi alegre despedida puies confundiste lo que yo sentia con tu preciosa egomania.

viernes, 27 de enero de 2012

Mi Esencia

a cada paso q avanzo me tropiezo con tu mirada por q en cada paso de mi vida estas presente, sin miramientos sobre mi comportamiento siempre tan leal y segura q hacias ver en mi lo mejor de ti, cada dia q te veo veo menos de tuu fuerza y tus cansadas´piernas ya no avanzan, pareciera q estuvieras quieta aprisionada en tu pequeña jaula, tu tan dulce y bella te difuminas en la esquela de los años y yo solo puedo contemplarte mientras te desvaneces y no sabes lo q me cuesta, quisiera robarle años a mi vida y sumarlos a tu vida para poder compensarte por los años de paciencia, siempre seras la mas fiel de mis compañeras mi amiga, mi insuperable abuela, todo lo bueno d emi te lo debo gracias por hacer de mi una buena persona

miércoles, 18 de enero de 2012

ECUACIONES ROTAS

y ahi estan frente a ti las promesas rotas de un amor que ademas de las flaquezas de nuestro caracter se ven disminuidas por la falsa sensacion de compromiso, y comienzas a medir en fracciones simultaneas lo q sientes y me quieres aderir a tu creciente confianza no ves acaso q el desamor toco nuestra puerta y es tu camino provisional al olvido, sumas tus malos dias a nuestros problemas y convences de nuestra falta de esencia a mi conciencia, como juegas con lo que sientes vemos como sube y decrece, mientras espero q decidas divides en mil etapas nuestro cariño y mulyiplicas mis dudas con tu sonrrisa, creiste q restando tiempo comp0artido ganarias la hazaña de nuesto cariño y solo nos condenas a amar a medias, como puedes creer q tus funciones basicas no mellan lo q sentimos cuando me hieres al no permitirme ser parte de tu complejo juego de numerales...

jueves, 5 de enero de 2012

Mi amor, mi señor, mi Hamlet
Se han volcado en mí contra las nefastas furias de los dioses, quienes ven con desagrado el amor que a vos profeso, ya han condenado mi nombre y mi familia a los más ruines designios. En tus manos se ha extinguido la luz de la vida de mi adorado padre y mi nombre a sido mancillado con la deshonra de la perdida de la virtud. Todo esto mi señor a desencadenado en la perdida de toda mi razón existencial por lo cual os ruego q comprendas q no podre seguir tu camino en la búsqueda de la redención de vuestro querido padre, mírame triste abatida no puedo arrojarme a los brazos de mi hermano, habiendo menoscabado nuestra honra comprenderás q no puedo afrontar tus desplantes eternamente y que ahora q la situación amerita tu atención tampoco las dispones en pro de beneficiarme, me condenas a la muerte, mas no creo q encuentre brazos mas fieles y eficientes q los de la oscura parca, me despido con la conciencia de haber amado pero con la eterna duda de si alguna ves si fui la musa q iluminaba tu vida.
Tuya por siempre
Ofelia