jueves, 7 de octubre de 2010

mis frases favoritas de eso de stephen king

>En ese punto, su conciencia se pierde un poco. Está segura de que siguen hablando, pero no sabe qué se dicen. No importa. ¿Tendrá que convencerlos a todos, una y otra vez? Probablemente sí. pero no importa. Es preciso convencerlos de que acepten ese vínculo humano esencial entre el mundo y el infinito, el único sitio donde el torrente sanguíneo toca la eternidad.

>No importa. Lo que importa es el amor y el deseo. Aquí, en la oscuridad, se puede hacer como en cualquier otra parte. Quizá mejor que en muchas otras. Ahora el poder no está en ella ni en él, sino entre ambos, y él también grita y ella siente que le tiemblan los brazos. Entonces se arquea hacia arriba, hacia él, percibiendo su espasmo, su profundo contacto, esa fugaz intimidad total entre dos seres. Juntos irrumpen en el éxtasis vital.

>Pero Dios protege a los borrachos, a los niños pequeños y a los drogados hasta el tuétano

>Al anochecer llegaron a Derry periodistas de las grandes cadenas de televisión. Esos periodistas harían comprender a la gente cierta versión de la verdad y la tornarían real... aunque algunos habrían sugerido que la realidad es un concepto bastante indigno de confianza, quizá no más sólido que un trozo de lona extendido sobre cables entrecruzados como hebras de telaraña.

En estos tiempos, el océano parece una interminable flota de barcos. Difícilmente dejamos de encontrarlos en buen número al levar anclas. "Apenas es un cruce -dijo Mr. Micawber jugueteando con sus gafas- Apenas es un cruce. La distancia es bastante imaginaria." Charles Dikens, "David Copperfield".

>La conocí cuando andaba por las calles >La conocí cuando andaba en el alcohol >La conocí cuando iba de fiesta en fiesta >Cuando esta novia bailaba el rock and roll

Pero no todo era inquietud, ¿verdad? No. También había deseo... lo mismo que había experimentado al ver que el niño pasaba con el patinete bajo el brazo. El deseo de ir a toda velocidad, de sentir el viento que pasa sin saber si uno corre hacia él o si huye con él. De andar. De volar. Eso queda: el reluciente camafeo de todo lo que fuimos y creímos cuando niños, de todo cuanto brillaba en nuestros ojos, aún cuando estábamos perdidos y el viento soplaba en la noche.

Pon distancia y trata de mantener la sonrisa. Sintoniza un rock and roll en la radio y ve hacia toda la vida que existe con todo el valor que puedas reunir y toda la fe que logres invocar. Sé leal, sé valiente, aguanta. El resto es oscuridad.

Despierta de ese sueño sin poder recordar exactamente qué era. No recuerda nada, salvo el simple hecho de haber soñado que era niño otra vez. Toca la suave espalda de su mujer, que duerme a su lado y sueña sus propios sueños. Piensa que es bueno ser niño, pero que también es bueno ser adulto y poder analizar el misterio de la infancia... sus convicciones y sus deseos. "Algún día escribiré sobre todo eso", piensa, pero sabe que es sólo un pensamiento de amanecer, un pensamiento posterior al sueño. No obstante, es bonito pensarlo por un rato, en el límpido silencio de la mañana: pensar que la infancia tiene sus propios secretos dulces y que confirma la mortalidad y que la mortalidad define todo el valor y el amor. Pensar que lo que has mirado adelante también tienes que mirarlo atrás y que cada vida hace su propia limitación de la inmortalidad: una rueda.

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